“ Doña María” y Mayra: un dueto de voces en escritorios vecinos
Martes 03 de Julio de 2012 13:24
Desde que llegó la nueva Rectora, Ivonne María Marcial, veo que se está notando un nuevo crecimiento, bien, porque la EAP necesita cariño.
Mayra Esther Díaz Nieves
Oficial de Nómina
Recursos Humanos
A mí me gusta de mi trabajo en la EAP, todo, todo.
María Josefa Rivera Rivera
“Doña María”
Secretaria- Recursos Humanos
Son dos las voces (y cuatro las manos) que componen la plantilla laboral del Departamento de Recursos Humanos de la Escuela de Artes Plásticas (EAP), dirigido desde junio de este año por Carmen Dolores Rosario, bien recibida por ellas y por los empleados en general de la EAP. Las voces que hoy suenan en estas páginas son las de María Josefa Rivera Rivera, (su “nombre de pila”), nuestra “Doña María”, y la de Mayra Esther Díaz Nieves, también nuestra Mayra (“no me dejes el Esther fuera”)
Conversamos con doña María, oriunda de Morovis, y con Mayra (oriunda de San Juan pero también de Patillas) una mañana de junio en las afueras de su oficina, pero le regalamos a los lectores alguna imagen de los escritorios vecinos de quienes desempeñan funciones distintas pero relacionadas, ¿qué no lo está? Comenzamos la entrevista luego de que la nueva directora de la oficina, Carmen Dolores Rosario, manifestara alegría por la entrevista a punto de realizarse a las dos empleadas que laboran con ella en el Departamento de Recursos Humanos.
Bolígrafo en mano y escucha y papel listos para la escritura, nos acercamos a doña María, la primera a quien entrevistamos, de la manera que dice el hispanista francés Marcel Bataillon como hay que entrar a los textos en Varia lección de clásicos españoles: con esa actitud de apertura y no querer “entrar” a ellos con llaves maestras (“Hay que estar abierto a los textos en vez de querer abrirlos con llaves maestras”). No nos acercamos a la experiencia de la entrevista con recetas de cómo conversar, preconcepciones, información al rescoldo, etc. Doña María habló, contestó preguntas, con picardía sazonada con palabras que brotaron con la conciencia plena de lo que decía, tanto cuando habló de l amor que siente por su trabajo como cuando habló de su situación con su esposo, Ramón Rodríguez, que “ha estado en el hospital cuatro veces desde marzo”, situación que la fuerza a pensar en un retiro fuera de Puerto Rico, en Nueva Jersey en el hogar de una de sus tres hijos; doña María tiene siete nietos y trece biznietos. Dice, ladeando su cabeza en movimiento pendular como remachando sus palabras y lo que representan para ella: “No quisiera tener que irme, sería en contra de mi gusto…estamos solos nosotros dos…estamos mayorcitos…”. Y vemos y escuchamos a una doña María, Puertorriqueña, mujer, esposa, “grande”( término que preferimos a “mayorcitos”) y también “católica practicante”, a quien le enseñaron que “uno se casa hasta la muerte…soporto todo lo que venga”, y no podemos evitar (como también sabemos le ocurrirá a los lectores) imaginar tantas cosas y escenas, vuelo de imaginación que ella adereza al decir: y “hace 25 años estamos ya pasivos…no peleamos”. Doña María, además de las conversaciones telefónicas periódicas con sus hijos, no está sola: tiene mucha gente que la quiere en la EAP y, además, tiene una amiga en el mismo edificio: “nos tratamos como si fuéramos hermanas”, y una vecina “que siempre está a la orden”. Y enuncia con serenidad: “Casi no hablo. En casa vemos TV, no tenemos comunicación, calladitos, calladitos…si se pone la oreja en la puerta no se oye nada”. Casó con Ramón Rodríguez en el Bronx, Nueva York, “el 3 de mayo de 1952, día de la santa Cruz… ¡lo escogí bien!”, dice con una espléndida sonrisa llenita de chispas de humor acompañando estas palabras. Doña María vivió en el Bronx por 38 años pues “fui allá de 11 años con papá y mamá (que eran primos tercero), conocí a mi marido allá por relaciones familiares” y lleva sesenta años casada; casó en la Iglesia San Alselmo en la calle Tinton del Bronx.
A la mujer “grande”, como a tantas otras mujeres en Puerto Rico, le gusta “ todo, todo lo que sea del trabajo, si se acaba algo que estoy haciendo enseguida busco otra cosa…siempre ha sido así, yo amo mi trabajo…y siento que va a venir el momento en que voy a tener que dejarlo”; es el único momento de la entrevista en que su sonrisa se opaca en la mujer, empleada de la EAP desde el 26 de junio de 2001, quien llegó para remplazar a la secretaria de la otrora decana de Asuntos Académicos, Loida Rodríguez, “a quien se le había ido la secretaria”. Doña María trabajó allí desde junio a octubre de ese año y entonces “La decana habló con Marimar (antigua rectora de la EAP) para que no me dejaran ir y me mandaron a Recursos Humanos”. Doña María se desempeña hoy como secretaria de Recursos Humanos: trabaja la correspondencia; hace informes a la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP) y otras agencias; trabaja los informes de los puestos; los pagos; las convocatorias, y nosotros los profesores escuchamos de ella, a veces, pues también es responsable de la Asistencia de todos.
…y al ladito de doña María, en escritorios vecinos, -en un espacio cómodo sobre cuyo piso se deslizan a menudo las rueditas de las respectivas sillas para así acercarse y preguntarse algunos asuntos-, vemos a Mayra Esther Díaz Nieves, quien ahora se desempeña como Oficial de Nómina, empleada por contrato, en esta etapa de su estadía en la EAP, pues la primera fue de febrero de 2008 a mayo de 2009: “me fueron con la Ley 7”, nos recuerda así a muchos empleados que en esos momentos sentimos su ausencia. Regresa a la EAP el 2 de mayo de 2011 y nos dice: “Me gusta mucho más ahora, me dan la oportunidad de hacer otras cosas pues estoy por contrato: trabajo en Contabilidad, y en otras tareas, cuando me piden que les dé la mano”. Su trabajo de “hacer nómina” lo disfruta mucho, y nos dice algo que nos sorprende pues la percepción que de ella tenemos muchos empleados es precisamente lo contrario; nos dice: “no tengo paciencia…”. De su trabajo le gusta mucho y siente gratificación, además de su responsabilidad primaria de “hacer la nómina”, que los empleados le pregunten para ella poder explicar pues “me retan y así aprendo”. Mayra se encarga de los contratos; de entrar la data; de verificar que no se pague incorrectamente, trabaja las licencias de los empleados regulares”, y “atiendo cualquier pregunta y/o duda del empleado”. Antes de llegar la directora de Recursos Humanos, Carmen Dolores Rosario, “nos reportábamos a Ismael”, refiriéndose a Ismael García, decano de Administración de la EAP.
Uno de sus dolores de cabeza fue y a veces es “que no lleguen los contratos a tiempo, me preocupo por la expectativa de los empleados”, y nos dice, con fuerza: “¡Aquí en la EAP trabajamos con amor y con arte pero NO por amor al arte!”. Y añade que ahora ella está “más pendiente de los contratos y le da seguimiento pues le llega el schedule de los profesores que están trabajando el semestre”.
A Mayra, también a doña María, les gusta el ambiente de arte en la EAP, la vista al Atlántico, y a la Bahía de San Juan, y agrega Mayra: “Por la mañana conozco a los vecinos, es un sitio bien de familia”. Mayra, -quien, aunque nació en San Juan, quiere que se mencione a Patillas “porque mi familia es de allí”- está “felizmente casada por 16 años con Edwin Torres”, tiene dos hijos: una niña, Rocío del Mar, de 13 años, y un niño, Javier Efraín, de 10 años. Y, con una nota de humor agrega: “Mi matrimonio es una especie en extinción: llevamos 16 años de casados y los dos hijos son de él y míos”.
Les presentamos aquí al lector dos voces de compañeras de trabajo en escritorios vecinos que hacen desde Recursos Humanos una labor que contribuye a que el engranaje de la EAP marche, como dicen, sobre ruedas, y a veces no nos damos cuenta de ellas, de estas dos mujeres conscientes que bien ejecutan sus labores y que están allí dispuestas a poner su granito de arena con sus dos voces y cuatro manos.
Fotografía: Moranyelie Osorio





