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…y aquí vienen los conserjes de la EAP: Belkis, don Angel, Richard y Edwin

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La EAP - Conociéndonos

3Tengo un equipo muy bueno: siempre dispuesto a decirle que sí al trabajo que se les asigne y ellos lo hacen con excelencia.

Edwin Alicea Vizcarrondo
Coordinador de Seguridad, Planta Física y Mantenimiento

Vigilan pero no son vigilantes, cuidan y no son niñeros, realizan pequeñas tareas de información en un edificio o establecimiento público pero no son comunicadores oficiales, guardan pero no son guardias, son ujieres pero no nos llevan a la butaca del teatro, son centinelas pero hacen mucho más. Y ese mucho más que hacen lo notamos todos los miembros de la comunidad universitaria cuando entramos a un salón y lo encontramos limpio y con todo funcionando, cuando los visitantes y otros empleados circulan por las galerías del edificio y no hay nada fuera de lugar, cuando vamos a los baños y notamos que todo está en orden. Son las manos de los conserjes las que hacen que nuestro entorno luzca como debe lucir.

Conversamos con los compañeros conserjes de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico (EAP) en la mañana del viernes 13 de julio, un día después de la Graduación de la EAP (2012), y todos llegaron a tiempo a la entrevista a pesar de que dos de ellos: Belkis Álvarez Almonte y don Ángel Meléndez, junto al Coordinador, Edwin Alicea Vizcarrondo, laboraron hasta altas horas de la noche anterior en Ballajá donde tuvo lugar la apertura de la Exposición de los Graduandos; trabajaron, dice Edwin, “hasta que se fue la última persona”. Se une a este equipo, el residente de Cataño, Richard Rosado Cruz, de Planta Física, quien repara los baños, los enchufes, las puertas, etc. y todo lo que se dañe o averíe.

Edwin AliceaEl Coordinador del grupo llegó a la EAP el 3 de septiembre de 1990 y para él: “La EAP es mi segunda casa: llego aquí a las 6 de la mañana y me voy a las 7:30 p.m., ya la EAP es parte de mí”, nos dice como si repasara esos casi 22 años de trabajo en su pantalla visual interna y comenta, a nuestra pregunta, de qué ha sido lo más divertido en estos años, la ocasión en que “algunos profesores, y el entonces Decano de Administración, José Miguel Barceló, se metieron en la fuente”, refiriéndose a la fuente central del patio del edificio de la EAP: el Manicomio y a la ocasión de la primera acreditación de la EAP.

Mientras cada uno habla, los demás escuchan con interés, y se palpa una corriente de compañerismo que rebasa “los pequeños encuentros” que como miembros de un colectivo pueden tener al “no estar de acuerdo con una decisión”, dice don Ángel. Todos los miembros del grupo que dirige Edwin: Belkis, Richard y don Ángel manifiestan con alegría su relación “de confianza” con el supervisor; se sienten a gusto entre ellos y con su jefe. Belkis recuerda con mucho cariño y respeto cuando su madre falleció en enero de este año y Edwin, como supervisor, la ayudó, y “esos son momentos en el trabajo que nunca se olvidan”, añade, al puntualizar lo que entiende es una de las cualidades de un supervisor: “él escucha”. Y todos estuvieron de acuerdo en lo que añade Belkis: que su jefe, Edwin Alicea Vizcarrondo “sabe tratarnos con amabilidad, nunca habla con repugnancia, siempre dice: por favor y gracias, y es bien organizado con su trabajo”; Edwin recalca el trato que reciben de los estudiantes, individualmente y como grupo: “se portan bien con nosotros, nos guardan respeto y nosotros les damos su lugar porque la EAP es ellos”, destaca Edwin.

Belkis ÁlvarezA Belkis lo que más le ha gustado de su trabajo en la EAP es “cuando me hicieron permanente en septiembre del 2003…después lo sacaron por la ley 7 (2010) y ahora estamos por contrato (Ángel y yo), Edwin y Richard son empleados regulares”. Son dos los hijos de Belkis: Alberto Mora de 21 años, graduado de la UPR en Administración Hotelera, y Alfredo Hernández Álvarez de 8 años, estudiante del Colegio San Agustín en Puerta de Tierra, “con notas de A”, y quien está en clases de Natación y en clases de Tae Kwon-Do” y pronto va a matricularlo “en clases sabatinas de Inglés”. La madre, Belkis, es consciente de que el hecho de que “hoy en día con tanta tecnología que hay están pegados al Play Station…”, es la situación que la motivó a matricular a su hijo en clases fuera de la casa y del salón regular. Casada con Freddie Hernández, dice: “soy feliz al lado de él”.

Don Ángel MeléndezDon Ángel, residente de Toa Baja, es el “don” del grupo y con su risa franca nos dice: “lo de don es por don Omar”, cantante puertorriqueño de reguetón, el del “…dale don dale...”. Casado con María S. Laureano, tiene dos hijos: Alexander Meléndez Laureano de 20 años, graduado de Chef y empleado del restaurante Chili’s de Dorado y Ángel Rafael Meléndez Laureano de 24 años que se gradúa en agosto “de videojuegos”. Don Ángel destaca “el compañerismo del grupo”.

Richard RosadoY Richard, por su parte, trabaja en la EAP desde 1995 y “reparo puertas, ventanas”, recordando la amenaza siempre presente en el Viejo San Juan del comején, y trabaja arreglando “baños, lámparas, electricidad y muchas otras cosas, entre las que se encuentra: pintar”. Recuerda, con algo de nostalgia, el grupo de antes: “¿éramos más”, dice, al recordar que: “¡La Ley 7 se los llevó!”. Todos recuerdan que la EAP estuvo en esos tiempos alrededor de 6-8 meses sin el equipo de conserjes, “nos quedamos tambaleando aquí en el edificio, solamente Edwin y yo”, apunta Richard, el empleado de Planta Física. Es padre de dos hijos: Jorge Luis Rosado de 17 años, estudiante de la Escuela Superior de Cataño, y Mariceli Rosado, que cumple 15 años el día 23 de julio, estudiante de la Escuela Intermedia de Las Palmas en Cataño.

¿Por qué es importante en la EAP la labor de este equipo de cuatro personas? “El equipo es una pieza vital en la EAP: la EAP genera muchos desperdicios, y si no estamos nosotros la cosa se pone grave, el hacinamiento hace imposible correr la Escuela”, dice al recordar, también como sus compañeros, los tiempos de la Ley 7: “Hay que estar aquí cuando ellos no están; hubo un tiempo aquí que ellos no estaban y esto se puso imposible”, apunta al destacar lo que quizás todo supervisor debe pasar para entender en carne propia el trabajo de sus subalternos: “ yo me di cuenta lo que trabajan ellos”.

El Coordinador de Seguridad, Planta Física, y Mantenimiento de la EAP nos dice, al referirse a sus labores, que: “nosotros no tenemos control del área; mantener los talleres limpios es cuesta arriba pues el estudiante está constantemente allí y nosotros no tenemos horas para hacerlo”, apunta, al informar que “Belkis y Ángel se meten a los talleres a limpiar, salen, se vuelven a meter, y están así constantemente”, y añade que los baños se limpian “una vez en la mañana y una vez en la tarde”. Edwin, abuelo de dos nietos, es padre de dos hijos: Edia Marie de 30 años y Edwin Gabriel de 25 años.

¿Cómo podemos los profesores ayudar a este equipo de trabajo de la EAP? Irrumpe Edwin y habla de los graffiti: tenemos problemas con los graffiti y le pedimos cooperación a los profesores, hay graffiti en las mesas, en los baños, en los pupitres y nos cuesta mucho tiempo quitarlos y cuando los quitamos a los 5-10 minutos están allí de nuevo, están otra vez grafiteados”. Los graffiti “son más fuertes en agosto, en ese tiempo es cuando hay más”, dice Belkis, quien aplaude a los profesores del salón 17 pues: “los profesores mantienen a sus estudiantes bien”, al referirse a que los estudiantes utilizan los zafacones.

Tanto don Ángel como Belkis apuntan que los profesores podemos ayudarlos recordándole a los estudiantes que “tienen un zafacón al lado de la puerta y que por favor no dejen las botellas de agua y los vasitos de café en otros sitios”.

La conversación con estos cuatro trabajadores que vigilan sin ser vigilantes, que cuidan sin ser niñeros, con estos tres padres y una madre, con estos empleados de la EAP, nos recuerda, una vez más, la riqueza, el capital, -en suma-, de una comunidad de trabajo: su gente: ellos y nosotros: todos.